25- Mastectomía radical bilateral

Hace unos cuatro años, mi esposo, con lo prevenido que siempre ha sido, me propuso que hiciéramos esta cirugía. El solo término me sonó lo suficientemente complejo para aceptarlo y me parecía que no tenía sentido que yo a los 40 años, extirpara en su totalidad el tejido mamario de ambos senos para prevenir algo que pudiera suceder.

El insistía con todo tipo de argumentos médicos y en busca de tener una tranquilidad para la vida futura, pero  yo, convencida que eso ” no sería conmigo” y después de una reunión que tuvimos con respecto a este tema con el médico, llegamos a la conclusión (el médico y yo) que me haría un seguimiento cuidadoso cada seis meses y que seguro “nada iba a pasar”.

Cuando supimos la noticia no puedo negar que sentí culpa, bastante culpa de saber que le habría podido evitar esta situación a el quien se repetía constantemente que debió de haber insistido, pues le dolía en el alma saber el proceso que tendríamos que enfrentar por no haber querido oír los signos que la vida en su momento nos había enviado.

La ignorancia mía del tema era toda, hace unos meses era la primera vez que había oído algo parecido con la actriz Angelina Jolie, quien además de ser una mujer hermosa y un “sex símbol” había, de manera inteligente, renunciado a tener sus senos naturales porque su mamá y su tía habían muerto de cáncer de mama y el examen Braca 2 que ella se había realizado demostraba que sería probablemente una próxima candidata.

Me pareció muy valiente en su momento! Identifique de inmediato que eso era lo que mi marido me había propuesto años atrás y tenía que reconocer que por vanidad y comodidad no había querido someterme a una cirugía tan fuerte .Me pareció entonces increíble que la actriz que ” si vivía de eso” hubiera sido tan radical y precisa en su decisión!

En todo caso, allá ella… Muy valiente, muy precavida , pero insisto… como eso no me pasaría a mi, no era para nada  necesario.

Llegó mi diagnóstico y paso todo el tratamiento en el orden que debía ser: cuadrantectomia para sacar el tumor, quimioterapias rojas, quimioterapias blancas y finalmente terminar con la mastectomia con el propósito de no dejar rastro de ningún tejido mamario en el cuerpo que pudiera a futuro convertirse en un tejido no grato.

Como yo no acostumbro a preguntar mucho del tema, sino que me gusta ” dejarme sorprender” me enteré a última hora de muchas cosas. El día antes de la cirugía en cita con el anestesiologo por ejemplo, supe que estaría varios días en la clínica porque las primeras 72 horas el dolor es más intenso y quisieran manejarlo con epidural.

Así fue entonces,  maravilloso! Una anestesia perfecta, ese estado de profundidad que me fascina y luego a la habitación atendida por un personal amoroso y profesional, acompañada de mucho amor y SIN dolor!

La epidural estaba funcionando perfecto y salvo los drenes que colgaban a los lados que incomodaban un poco no sentía mayor cosa.

Como estaba TAN bien, todo indicaba que podrían darme de alta antes de las 72 horas porque estaba respondiendo perfecto y así podría pasar el día de la madre en compañía de mis hijos y mi marido tranquilamente en casa.

Que error! Me equivoqué sin duda, cuando amanecí ese domingo no recuerdo haber tenido en mi vida una situación de dolor igual, una situación de dolor que fuera tan larga, tan intensa, tan permanente.

Hace 13 años viví prácticamente un parto a sangre fría con mi hijo menor. Fue muy duro pero pasó rápidamente, acá fue un día completo, 24 largas horas donde me dolía el cuerpo y me dolía el alma.

Era el primer día de la madre sin mi mamá, tenía tan solo un mes de haber partido y justo, en esos momentos de dolor, un abrazo, una caricia, una recomendación, una bebida hecha por ella era lo que yo sentía que curaba todo.

Mi marido y mis hijos no sabían que más hacer para que yo estuviera bien, pero me sumergí en un silencio total aceptando ese día de intenso dolor con amor y esperando que pasara rápidamente porque estaba convencida que el otro día sería muy distinto, porque entendí que estaba viviendo el duelo de la pérdida de mi madre como ninguno de mis hermanos y que yo tenía que enfrentar y vivir ese dolor sola, como precisamente la vida me lo había regalado.

Que día tan largo, literalmente con lágrimas de sangre que me salían por diferentes partes del cuerpo y creo que buscaban otra salida porque llorar no era posible.  Si respirar era doloroso llorar o hablar ya era demasiado.

Sentía los gritos de mi alma, sentía los gritos de mi corazón y ese día si me pregunté porque mi mamá se había ido en el momento de mi vida que más la necesitaba.  Sentía envidia profunda de los comerciales con mamá, de los avisos de revistas, de las amigas o quienes llamaban diciendo que iban a celebrarlo con la suya, sentía envidia de mis hijos que ellos si la tenían, así ese día tuviera que permanecer en cama.

Pero  como todo pasa, como todas las imperfecciones de la vida son perfectas, al otro día me levanté completamente diferente, cuando abrí mis ojos y fui consciente del nuevo día sentí que estaba distinta y ahí pude interpretar que mi dolor del día anterior era del alma y cuando el alma y el corazón duelen, cuando el apego nos toma ventaja no hay remedios, no hay inyecciones que puedan llegar a curar tal profundidad.

Empecé a mejorar a una velocidad increíble, conviviendo con incomodidades que seguro hace unos meses me hubieran incapacitado , pero que hoy las manejo fácilmente. Empece a “disfrutar” sobretodo,  la tranquilidad de saber que ya no estoy “durmiendo con el enemigo” que ya no hay tejido mamario dentro de mi.

Y así va corriendo el tiempo… Ya pasaron un poco más de tres semanas y aunque tuve un pequeño impase que requirió volver al quirófano tres días atrás, es una cirugía que su recuperación depende mucho del tiempo pero sobretodo de la aceptación. Mas adelante, en unos cuatro meses remplazaré las prótesis expansoras por unas muy bonitas y todo volverá a ser “como antes”.

Hoy, muchos días después, recuerdo ese día de la madre como algo inolvidable, inolvidable eso si desde el dolor, un día de esos que no queremos vivir, pero un día de esos que siquiera existen para mostrar la grandeza divina de los demás y para comprobar que lo que más sano debemos tener es el alma porque cuando esa duele no hay anestesia que valga.

Como ya no me duele respirar ya si puedo llorar al recordar a mi mamá, ya si puedo decirle que me siento abandonada sin ella, que daría lo que fuera por sus manos sanadoras y que el final de esta batalla sin ella no es fácil pero no imposible.  La ganaré con honores y será así la manera de honrarla eternamente por lo valiente y guerrera que siempre fue con su vida!

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